Entrevista a Yamile Sandoval Romero, relatora del 6º Seminario Las Infancias Quieren Cine

Entrevista a Yamile Sandoval Romero

En el marco del 6º Seminario Las Infancias Quieren Cine: programación y mediación cinematográfica para la niñez con enfoque de derechos, organizado por la Corporación Cultural Ojo de Pescado y financiado por el Fondo de Fomento Audiovisual 2025 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, conversamos con Yamile Sandoval Romero (Colombia), relatora del módulo online.

Doctora en Comunicación y especialista en audiencias infantiles y juveniles, Yamile participó con el taller “Rangos etarios, estadios de desarrollo y universos de las infancias”, donde abordó la importancia de comprender el desarrollo infantil al momento de crear contenidos audiovisuales que promuevan la autonomía, la participación y el pensamiento crítico de niños, niñas y adolescentes.

En tu taller hablas sobre “estadios de desarrollo”. ¿Cuál es el error más común que cometen los creadores de contenido al intentar comunicarse con niños de diferentes rangos etarios, y cómo afecta esto la autonomía del niño como espectador?

Con frecuencia los creadores de contenido audiovisual para infancia y juventud, en ocasiones por la obligación de la cobertura y no de la calidad, diseñan o crean contenidos para franjas etarias que abarcan grandes diferencias al interior de las mismas. Es habitual encontrar segmentaciones como “niños de 7 a 12 años”, sin embargo, aunque el desarrollo determina ciertos aspectos dentro de esta franja, es claro que al ser un proceso, quienes están al comienzo de la franja guardan grandes diferencias con quienes avanzan hacia nuevos estadios del desarrollo.

Esto suele representar un problema porque la evolución de herramientas cognitivas es diferente y necesita ser considerada al momento de tomar decisiones como crear los personajes, elegir las historias o narrar el tiempo. No se trata de excluir temas, personajes o situaciones, pero sí de que guarden coherencia con el desarrollo de los niños y las niñas de cada una de estas franjas.

El crear contenidos que no guarden coherencia con el desarrollo del público suele derivar en subestimar a la audiencia o en no conseguir conectar desde sus capacidades reales como sujetos activos, creadores y críticos frente al contenido. No considerar este aspecto afecta la posibilidad de relación de la audiencia con el contenido desde la interpretación y el disfrute, incluyendo su relacionamiento emocional y simbólico.

En el taller se analizan los universos de las infancias. ¿Cómo se traduce esto en la práctica? ¿Qué diferencia real hay entre un contenido que respeta el rango etario y uno que simplemente “trata de imitar” lo que le gusta a los niños?

Un contenido que se preocupa por respetar el rango etario evidentemente creará universos de sentido que les permitan conectarse desde sus capacidades de interpretación, vinculación emocional y su propia regulación como sujetos activos.

Un contenido que se preocupa solo por “imitar” lo que les gusta se quedará en propuestas superficiales que repiten formatos y patrones, obedeciendo a la necesidad de crear más y no mejor. Repetirá fórmulas que proponen entretenimiento inmediato, pero no reflexión ni resignificación.

Has trabajado en diversos países de Iberoamérica. ¿Cómo influye el contexto cultural en esos rangos etarios? ¿Existen narrativas o estéticas propias de nuestra región que debamos potenciar para que las infancias se sientan realmente representadas?

El dilema sobre lo universal y lo local para lograr contenidos de calidad que traspasen fronteras siempre ha estado en el centro de la reflexión, sobre todo en Latinoamérica, donde la diversidad es nuestra identidad. Sin embargo, está comprobado que los contenidos que trabajan desde los universales del desarrollo infantil suelen tener mayores posibilidades de trascender el territorio local.

Los universales del desarrollo nos ayudan a comprender que un niño es igual desde las posibilidades del desarrollo en cualquier lugar del mundo. Aunque existe el desarrollo en contexto o desarrollo cultural como propuesta teórica, lo que encontramos es que la particularidad del contexto en el que se desarrollan las infancias media el proceso, pero no lo cambia de fondo.

Las narrativas o estéticas propias ayudan a convertirse en ventanas al mundo de las realidades de cada contexto. Permitir que los contenidos abran horizontes hacia otras formas de ser es reconocer a las audiencias como autónomas y capaces de incorporar una mirada amplia del mundo. Por esta razón, resulta necesario continuar promoviendo la mirada local, conectada con los universales del desarrollo, para potenciar una expansión global desde otras maneras de ser.

En un mundo saturado de pantallas, ¿cuál es el principal consejo que le darías a un realizador que busca conectar genuinamente con los universos narrativos de las infancias hoy en día?

El consejo para quienes están interesados en crear contenidos para infancia y juventud es partir desde la visión de una audiencia capaz, autónoma, crítica y reflexiva frente a los contenidos, sin importar la edad. Las audiencias resignifican los contenidos con lo que tienen disponible en su proceso, por eso verlas desde una mirada potente cambia la forma en que nos relacionamos con ellas. No se trata de subestimarlas ni de asumir una mirada adulta que pretende convertirse en “sabia”.

Por otra parte, es fundamental conocerlas desde su realidad. Es importante la literatura académica que explica qué es ser niño o joven, pero solo logramos conectar con lo que realmente necesitan e interesa cuando nos acercamos desde la escucha y la observación en sus contextos cotidianos. Desde el respeto, convertirlos en asesores permanentes y reconocerlos como co-creadores facilita el proceso y permite desarrollar contenidos de calidad que potencian su desarrollo.

Realizado por @MatuStrauss

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