Ilustraciones 2026
Ganadores y Menciones
Ganador Relatos

Galileo Martínez Demetrio; 3° Medio; V – Valparaíso

La primera vez que descubrí el festival fue cuando tenía 2 años, mis papás me llevaron a ver una función de cortometrajes, en ese momento era un bebé, no tenía ni idea de lo que significaría en mi desarrollo personal. Empece a ir todos los años, y también a participar en talleres que me acercaron mucho más a lo que significa hacer cine, el cual se convirtió en mi gran pasión, impulsado por mi familia y por lo que aprendía y disfrutaba en el festival. Participando como jurado y animador me encariñe mucho más con el festival y con el cine, pero no solo eso, conocí amigos/as, compartí risas, disfrute ver cine junto a ellos/as. El festival es un espacio en el cual he aprendido, he crecido, he jugado y he reído. Gracias a él entendí que para el cine no hay edad, lengua, género, que es universal y una forma de conocernos y conocer el mundo. Actualmente tengo 16 años y formó parte del consejo consultivo (pescadores de ideas) y gracias al festival y todo lo hermoso que me ha aportado, quiero estudiar Cine, y poder transmitir al mundo lo que el festival me ha enseñado y más.

Participantes Ilustraciones
Participantes Ilustración Escuela Montedónico
Participantes Relatos

Paula Ignacia Candia Medina; 4° Medio

Encuentro.
Había estado solo en un gran marque parecía vacío.Solo buscaba un lugar donde las olas también supieran escuchar. Era pequeño.El viento hablaba más fuerte que él, pero aun así guardaba un océano de historias latiendo en el pecho.Las algas aprendían de memoria cada historia que el agua les confiaba.Y le susurraban sobre un lugar que su corazón parecía recordar antes de conocer.Con el tiempo, aprendió a querer la soledad.Lo único que aún temía era dejar salirla primera historia.¿Y si la corriente pasaba de largo, sin rozarla siquiera? Temía que su historia aprendiera a hundirse antes que a nadar. De pronto, el sol cerró los ojos.La noche sembró luces sobre el mar. Y el mar abrió mil pequeños ojos.—Ps... ps... ps...—¿Quién llama?—Escucha.Ninguna ola llega sola.Solo necesita una primera ola. Siguió la marea.Y el mar, que siempre creyó vacío, comenzó a hacerse eco.Entonces florecieron corales de mil colores, voces de mil mareas, un cardumen donde cada historia hacía más profundo el océano.Entonces comprendió que las historias no nacen para gustar. Nacen para hacerse mar.

Camila Sanchéz Jabre; 2° Medio

Pescado de ojito Me enseñas de cine De diversidad e inclusión Pero lo más importante Es que enseñas con amor Amor por el cine Amor y pasión Es lo que tus enseñas Con todo el corazón 15 años llevas ya Enseñando sin cesar Cada historia que compartes Nos invita a imaginar Emoción y admiración Es lo que siento yo Por ojito de pescado Es que aprendo yo.

Kata Sepúlveda Palavecino; 1° Medio

Poema Ojito de pescado Vision iluminada Fragmentos de la vida A la cinta traspasada Ilustrada y coloreada Historias ya pasadas Ideas y ensueños Que van llenando la sala. Cuántas butacas llenaremos Cuantos sueños a contar Cuantas historias ya sentadas A la pantalla han de mirar Desde mi puesto veo Mi liceo no ha de contar Aca en Temuco hay pura tierra No hay butacas a llenar Envidia veo en colores Al ver tanta ilustración pasar Pequeños con grandes sueños Llegando al cine a soñar Ojito de pescado Viendo el mundo girar Enseñando y capacitando El futuro has de forjar Mil historias en papel Y en peliculas han de contar Mil sonrisas y mil sueños Habran de encaminar Yo aqui sentada En mi pupitre  he de soñar Que algún dia aqui a TemucoTambién  puedan llegar Todas estas oportunidades Que solo algunos tendran Porque aqui en chile se habla mucho Pero la cultura no ha de ganar. (Espero les guste, estube revisando su Insta y viendo todo lo que hacen, lei que podia ser relato o poema y a mi me gusta más la poesía) Gracias por la oportunidad.

Patrick Reyes Contardo; 7° Básico

Una ventana al océano de la imaginación?Me llamo Patrick, tengo 12 años y cuando fuí por primera vez al Festival de Cine Ojo de Pescado. Al llegar, vi a muchas familias, niños y niñas esperando entusiasmados que comenzaran las películas.?Cuando se apagaron las luces, sentí una emoción extraña en el estómago; era como entrar a otro mundo. En la pantalla aparecieron historias de lugares lejanos, animales sorprendentes y personajes que se parecían un poco a nosotros.?La película que más me gustó trataba de un pez pequeño que soñaba con conocer el océano entero. Mientras la veía, imaginé que viajaba junto a él. Reí y también me quedé pensando en lo importante que es perseguir nuestros sueños.?Al terminar, todos aplaudieron. Vi muchas caras felices y entendí que el cine no solo sirve para ver historias, sino para compartir emociones, conocer ideas y conectar con los demás.?Al regresar a casa, sentí que había visitado muchos mundos sin moverme de mi asiento. El Festival Ojo de Pescado es eso: una gran pantalla que abre puertas a la imaginación y reúne a personas para soñar juntas.

Pedro Rubilar Rivera; 1° Básico

Ojitos mágicos del festival
Cuando pienso en Ojo de Pescado, veo un mundo mágico y encantado. Hay películas brillando al pasar, como ojitos perdidos junto al mar.Cada vez que encuentras un ojito en el festival, lo debes comer, ¡Ay que genial! Cada color tiene un sabor, como un pedacito de mar, ¡Qué emoción! Quien más ojitos logra juntar, en un pez brillante se va a transformar. Con escamas de plata y coral, baja a un cine bajo el mar. Allí descubre algo especial, un cine submarino y sensacional.En la pantalla hecha de burbujas y luz, cada animal cuenta su virtud. El piure aparece muy serio al hablar, contando su vida pegado al mar. Las almejas abren su voz al contar, historias escondidas del fondo del mar. El loco y el chorito quieren actuar, en una película para hacer reír y soñar. Los peces pequeños hacen de extras, pasan volando entre luces y letras. Yo convertido en pez al final, veo todo ese cine bajo el mar. Después vuelvo feliz del festival, con historias del fondo del mar. Por eso Ojo de Pescado es especial, porque el cine y el mar se vuelven un lugar.

Samuel Prado Tovar; 8° Básico

El ojo de pescado, que no es de un pez. La primera vez que escuché “Ojo de Pescado”, imaginé un pez pequeño mirando su mundo en el profundo mar. Después entendí que un ojo de pescado es una forma de observar la realidad con mayor profundidad. Como si en una sola imagen entrarán muchas historias. Hace quince años, en los cerros de Valparaíso nació ese ojo curioso. Desde entonces ha viajado por países, idiomas y sueños. Cuando pienso en el Festival Ojo de Pescado, recuerdo una sala oscura llena de desconocidos que durante una película, fuimos cómplices amigos. Reímos con personajes que hablaban idiomas extraños, nos emocionamos con historias de lugares lejanos y descubrimos mundos donde personajes conversaban, escribían, se enamoraban, sufrían, se desafiaban... Cada función, una ventana abierta. Algunos llegaron como espectadores y salieron queriendo ser cineastas. Otros aprendieron que una historia también puede defender derechos, tender puentes y ser voz de quienes pocas veces son escuchados. Quince años después, el gran ojo sigue abierto. Mirando el mundo con curiosidad, creatividad y esperanza, para recordarnos que el cine no solo se ve: también une, transforma y nos enseña a mirar mejor.

Helen Aliz Santibañez Albarran; 3° Medio

Nunca había entendido por qué las personas decían que una película podía cambiarte. Pensaba que solo eran historias para pasar el tiempo.Pero en el Festival Ojo de Pescado descubrí algo distinto.Mientras veía las luces reflejarse en la pantalla, entendí que cada historia era como una ventana hacia la vida de alguien más. Había personajes que tenían miedo, otros que soñaban en grande y algunos que solo querían encontrar su lugar en el mundo. Sin darme cuenta, comencé a verme reflejado en ellos.Entonces pensé en todas las personas que caminaban afuera bajo la lluvia de Puerto Montt. Cada una llevaba recuerdos, emociones y sueños que nadie podía ver. Como películas escondidas dentro de ellas.Cuando terminó la función, nadie habló por unos segundos. A veces las historias más importantes no necesitan palabras, porque dejan algo mucho más profundo: la sensación de comprender un poco mejor a los demás y también a uno mismo.Esa noche entendí que el cine no solo sirve para mirar una pantalla. También sirve para aprender a mirar el mundo con más empatía, imaginación y esperanza.

Tomás Sotomayor Gonzalez; 3° Medio

Charles tenía nueve años cuando una película lo hizo llorar por primera vez. No lloró de miedo. Lloró porque el protagonista, herido y solo, seguía intentando levantarse aunque sabía que iba a morir.Esa noche entendió algo extraño: las películas no eran solo historias. Eran personas. Dolores. Recuerdos. Desde entonces comenzó a mirar el mundo diferente.Las micros parecían escenas. La lluvia tenía música. Las personas escondían secretos detrás de sus ojos cansados. Mientras otros soñaban con profesiones normales, Charles llenaba cuadernos con monstruos, ciudades destruidas y personajes rotos intentando sobrevivir.A veces escribía con hambre. A veces con sueño. A veces escuchando gritos atravesar las paredes de su casa.Pero nunca dejó de hacerlo. Porque escribir era la única forma que tenía de escapar.A los diecisiete años, caminando de noche bajo las luces de la ciudad, levantó la vista hacia cientos de ventanas iluminadas. Y pensó que detrás de cada una había alguien luchando una batalla silenciosa. Entonces entendió por qué existían las películas.No para distraernos del mundo. Sino para recordarnos que, incluso en la oscuridad, nadie está completamente solo.

Maripaz Ovando Neira

En el Festival de Cine Ojo de Pescado, Martín pensaba que su vida era demasiado común para convertirse en una historia. Tenía once años, vivía en un barrio donde todo parecía repetirse y creía que nada de eso merecía una pantalla.Un día, su profesora le dijo: “Graba lo que ves todos los días, pero míralo como si fuera la primera vez”. Martín tomó una cámara y salió. Al principio no pasó nada… hasta que empezó a notar detalles. La señora del almacén que siempre regalaba dulces a escondidas, el perro callejero que acompañaba a los niños hasta la escuela, las risas que se escapaban desde las casas al atardecer.Grabó la lluvia golpeando los techos, el sonido de una pelota rebotando, una discusión que terminaba en abrazo. Su barrio dejó de ser aburrido; se volvió un escenario lleno de pequeñas historias que latían juntas.Cuando su cortometraje se proyectó en el festival, no hubo explosiones ni efectos, solo vida. Y, sin embargo, todos miraban atentos.Porque Martín entendió algo importante: las grandes historias no siempre están lejos. A veces viven justo al lado, esperando que alguien decida verlas.

Sophia Cariaga Clarke

Hola! Soy Sophia, tengo 11 años y vivo en Valparaíso. Les quiero contar algo bacán: este verano, mientras todos estaban en la playa, mi mamá me metió a un taller de cine y ¡fue lo mejor de mis vacaciones! Me sentí como una directora de verdad.?Éramos un grupo de puras niñas y juntas inventamos una historia sobre dos hermanas: una era gótica (oscura pero dulce) y la otra súper kawaii (rosada y brillante). Queríamos mostrar que ser diferente es bueno. Para darles vida usamos stop-motion, que requiere mucha paciencia porque hay que mover los dibujos fotito por fotito. ¡Es difícil pero cuando ves que se mueven solos es increíble!?Aprendí a usar cámaras reales y me siento súper orgullosa de lo que aprendí. Lo más especial es que este año ¡Ojo de Pescado cumple 15 años! Es más grande que yo jajaja. Me pone muy feliz que exista este festival en Valpo, porque nos enseñan que nuestras ideas sí importan y que podemos contar nuestras propias historias, aunque sean chiquititas. Quizás algún día haré películas sobre las cosas locas que pasan en mis cerros!