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La experiencia de Ojo de Pescado en educación artística audiovisual en contextos educativos diversos.

En esta columna, publicada en la revista “Revelarte” del Colegio de Profesores de la Región de Los Lagos, Alejandra Fritis ahonda en la importancia del aprendizaje-enseñanza del audiovisual en escolares y aborda la experiencia de los talleres Ojo de Pescado realizados en Puerto Montt y las islas de Chiloé.

Al hablar de educación artística audiovisual en contextos escolares, primero debemos preguntarnos qué entendemos por educación y por infancia. Desde muchos puntos de vista, el hito histórico y político que determina categóricamente que la infancia es una etapa de la vida separada de la adultez y que niños y niñas son titulares de sus propios derechos, no receptores pasivos de protección si no protagonistas de su propio desarrollo, es la redacción y ratificación de la Convención de Derechos del Niño que, con la fuerza de un tratado internacional para los países que la suscriben –todos excepto EE.UU.-, cambia para siempre la conceptualización histórica existente de la niñez.

Esta Convención es heredera de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), su redacción comienza en 1979 y es ratificada entre 1989 y 1990. Además de contribuir a la evolución del concepto de infancia, señala la ruta por la que la educación de los niños y niñas debe estar encaminada: “desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades”, fomentando el respeto de los derechos humanos, el respeto de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del país en que vive, del que es originario y de las culturas distintas a la suya, ”preparar al niño para asumir una vida responsable en sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena”, inculcando también el respeto del medio ambiente natural.

Cuando analizamos ambos conceptos, inmediatamente surge la interrogante de hasta qué punto estamos cumpliendo, respetando o contribuyendo a garantizar las dimensiones de la infancia establecidas en la Convención y las directrices de la educación para niños y niñas allí propuestas. 

Otra pregunta recurrente y pertinente es dónde o por qué vía se educan los niños y las niñas actualmente. La formación inicial de niños y niñas es en el seno de la familia –cuando existe- y, desde que la educación formal es obligatoria, el segundo más importante ámbito de formación es la escuela, por los contenidos que allí se ofrecen pero sobre todo por la guía emocional y social que allí se gesta. Luego, a pesar de su precariedad en algunos territorios, el tercer ámbito de formación es la comunidad, el barrio, los pares o referentes que no pertenecen a la comunidad escolar y las relaciones que permiten a niños y niñas identificarse con un medio social y cultural. Finalmente, desde la década de 1970, con la masificación de la televisión, los medios -principalmente los audiovisuales- se han convertido en una fuente de enseñanza y aprendizaje importante, que disputa reñidamente el tercer lugar con la formación en el entorno social y cultural, y a través de los cuales niños y niñas construyen su imaginario del mundo y la sociedad.

En ese sentido, los Estados que suscriben la Convención de Derechos del Niño reconocen la importancia de los medios de comunicación en la garantía de estos derechos y se comprometen a velar porque la infancia tenga acceso a buena información, nacional y del mundo, que tenga por “finalidad promover su bienestar social, espiritual y moral y su salud física y mental” en concordancia con los valores de la educación señalados en esta misma Convención y los principios esenciales de no discriminación y libertad de expresión. Esta reflexión nos conduce a una significativa interrogante: ¿estamos como país resguardando el derecho de niños y niñas en los ámbitos comunicacionales y por lo tanto en un ámbito tan importante para su formación y garantía de derechos?.

Corporación Cultural Ojo de Pescado, organización de derecho privado sin fines de lucro, se ha propuesto por medio de la exhibición de cine y la promoción de la creación audiovisual, contribuir a garantizar el derecho de niños, niñas y jóvenes a la educación integral, a la comunicación y expresión de sus opiniones, a la participación en la vida cultural y artística, aportando desde el cine y las artes audiovisuales a cautelar derechos fundamentales de la infancia que son constantemente transgredidos y a sensibilizar en torno a su relevancia.

¿Cómo lo hacemos?. Exhibimos obras cinematográficas especialmente seleccionadas para los niños, niñas y jóvenes según sus edades y contextos, proponiendo contenidos audiovisuales diferentes a la oferta actual del cine y la televisión infantil en Chile, con la mediación necesaria para que niños y niñas disfruten dichos contenidos y para que estos sean un aporte a sus procesos de aprendizaje/enseñanza cognitivos, emocionales y sociales. Desarrollamos talleres de creación cinematográfica y audiovisual directamente con niños, niñas y jóvenes, como también talleres de cine con profesores/as, educadores/as y mediadores/as que permiten ampliar y multiplicar el afán. También, ofrecemos formación para profesionales del medio audiovisual -y de otras disciplinas- en torno al desarrollo de contenidos audiovisuales para la infancia, de los que tanto carecemos en Chile.

El cine como movilizador de procesos de aprendizaje/enseñanza.

Cuando hablamos de la vinculación del cine con la formación de niños y niñas en la escuela, podemos abordarlo, según nuestro punto de vista, de tres formas: como disciplina artística, de modo programático o extra programático, donde el cine y las artes audiovisuales dialogan con la educación desde sus particularidades y hacen cobrar relevancia a aprendizajes como el incentivo de la creatividad, el desarrollo de pensamiento crítico, la observación de sí mismos y del entorno, la valoración del punto de vista y la subjetividad, entre muchas otras dimensiones. También se puede abordar el cine como una valiosa herramienta pedagógica y como medio para lograr otros aprendizajes, porque el cine es una casi inagotable fuente de conocimiento y además un canal por donde niños, niñas y jóvenes canalizan sus aprendizajes, sus puntos de vista sobre lo que se les “enseña”, a través de procesos colectivos y altamente reflexivos. Finalmente, también pensamos que el cine puede proponer un modelo educativo diferente, cercano a la pedagogía vivencial o por proyecto, donde una disciplina articula en torno a un proceso creativo o de investigación/acción todos los conocimientos o aprendizajes esperados para un grupo de niños y niñas.

Es así como desde Corporación Cultural Ojo de Pescado, durante nuestros ocho años de existencia, hemos llevado a cabo más de 200 talleres de cine con niños, niñas, jóvenes, profesores y profesoras en casi todas las regiones del país, compartiendo la experiencia de ver y hacer cine, y motivando a las comunidades escolares para que mantengan la enseñanza del cine como algo permanente en cualquiera de sus expresiones. Los talleres los hemos implementado tanto desde la concepción del cine como disciplina artística, como desde su utilización como herramienta pedagógica, complementando contenidos programáticos de asignaturas como lenguaje y comunicación, historia, artes visuales, patrimonio, ciencias de la naturaleza, tecnología o lengua indígena. Lo significativo ha sido establecer una conversación y reflexión constante con profesores, profesoras y directivos sobre el aporte de los procesos del cine al aprendizaje/enseñanza de niños y niñas, obteniendo de vuelta la mayoría de las  veces una mejor valoración de aquello y, en muchos casos, proyectos de continuidad de estas prácticas.

Desde 2015 hemos desarrollado talleres de cine junto a comunidades educativas de la Región de Los Lagos, con fuerte presencia en la provincia de Chiloé, pero durante 2018 desembarcamos por primera vez en Puerto Montt con la realización de 4 talleres de cine y 4 cortometrajes resultantes del proceso de dichos talleres. Se trató de talleres de creación en cine documental en los establecimientos educacionales: Escuela Rural Lenca, Colegio Darío Salas, Liceo Comercial Miramar y Liceo Andrés Bello, proceso que felizmente se repetirá en 2019.

Ojo de Pescado en Puerto Montt

“Lenca oculta”, “Lo que callamos los estudiantes”, “Nunca lo dije” e “Invisibles” son los sugerentes títulos de los cortometrajes documentales realizados por niños, niñas y jóvenes de Puerto Montt durante el proceso de talleres de Corporación Cultural Ojo de Pescado en 2018, obras audiovisuales que abordan espontáneamente temas que son significativos para los jóvenes que los crearon, como el bullying, el acoso, la calidad de la educación, la identidad de género, la discriminación, el aislamiento y deterioro de habilidades sociales, la historia local y memoria.

“Siempre nos han dicho que debemos seguir un estereotipo de mujer, la mujer perfecta, la mujer bonita, pero en realidad no somos así, nadie es perfecto”, dice la voz en off de una niña en el cortometraje “Invisibles”, mientras la imagen presenta una animación cuadro a cuadro hecha con retazos de revistas con fotografías de mujeres modelo. Corta a la imagen de una niña que deambula por los pasillos del Liceo, de quien no vemos su rostro y dice también en off: “cuando me hacían bullying sentía que yo era más fea que todas mis compañeras”. El relato se complementa con más animaciones cuadro a cuadro con papel, hechas por los mismos jóvenes y el testimonio de un muchacho que comparte los sentimientos de la niña pero desde otro lugar: “yo me sentía distinto porque la gente de la ciudad se mueve más rápido, hace todo distinto a la gente del campo”, “me amenazaban con pegarme, con matarme, tanto que exploté y le pegué al compañero que me molestaba”. Mientras, en otro de los cortometrajes, una niña de octavo básico señala: “fui una víctima de acoso sicológico…nadie me integraba en los recreos…me llegaban a juzgar por cualquier cosa, por las zapatillas, por el pelo o por la forma de expresarme, era horrible, ya no tenía ganas de llegar a la escuela, no tenía ganas ni de levantarme de la cama”, lo dice en una entrevista frente a cámara y es un tipo de testimonio que se repite y reafirma en el resto de los documentales.

Otra de las películas realizadas, “Nunca lo dije”, también pone en audiovisual temáticas de discriminación, pero con un tratamiento que coloca un poco de lenguaje del cine de ficción en la obra, sin perder su esencia documental: “me alejé de mi familia porque me miraban mal por el hecho de ser bisexual…somos gente normal buscando a quien querer…empecé a salir temprano, llegar tarde, pasar todo el día en la calle”. Este relato de marginación familiar y de identidad de género se vincula narrativamente con el de una niña que experimenta cosas parecidas: “no es fácil tener depresión, sufrir insomnio, tener pesadillas, llegar y encerrarte en tu habitación, llorar cada tarde y noche, no es fácil tener que superarte y tener que “cortarte” para poder conectar el dolor con tu cuerpo físico”, desgarrador testimonio que nos acerca al fenómeno de los intentos de suicidio adolescente y a sus motivaciones que los adultos con tanta dificultad adivinamos.

“Cuando fue el terremoto de 1960 murieron muchas personas y niños, y todos esos espíritus quedaron acá…las piedras representan a cada persona fallecida en este lugar”, “como niño nos da un interés inmenso en saber cómo habrá sido, cómo murió, cuántos años tendría”, ese tipo de narraciones son las que aparecen en “Lenca oculta”, documental con estrategias narrativas de documental falso que hace a los niños y niñas aproximarse a través del cine a su historia y memoria local.

Finalmente, “Lo que callamos los estudiantes” además de ratificar la preocupación de los jóvenes  por el acoso, señala muy enérgicamente que “el colegio nos inculca que nosotros solo debemos regirnos a través de su patrón, solo estudiar los ramos que ellos nos dan pero no nos abren las puertas a áreas donde nos podemos desarrollar más abiertamente, como el arte”, “un llamado de atención para que los colegios puedan abrir sus puertas y ampliar los horizontes de sus alumnos”.

Creando espacios de reflexión y acción como el que ofrece el cine en contextos educativos estamos permitiendo que todo aquello que niños, niñas y jóvenes aprenden en la escuela se catalice por medio de un proceso de análisis crítico, de materialización en una obra y de expresión de opiniones y sentimientos, generando una simbiosis entre las artes, la comunicación y la educación que apunta a dar garantía a los derechos fundamentales de la niñez, sin contar todas las consecuencias positivas que puede llegar a tener el hecho de dar a conocer a otros aquellas problemáticas que les afectan.

Este año 2019 volveremos a realizar talleres en Puerto Montt porque este es un proceso que requiere continuidad, que requiere generación de hábitos y sobre todo cariño y valoración de lo que el cine puede lograr entre los jóvenes, las comunidades educativas y todos los entornos en los que ellos se están formando.

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